Crisis en el automovilismo argentino: reunión clave en puerta

El automovilismo nacional atraviesa su peor crisis institucional en cincuenta años. Una séptima reunión entre el ACA y la ACTC podría desactivar el conflicto que tiene a los pilotos como rehenes.

Mientras el fenómeno Colapinto convoca multitudes, el automovilismo argentino vive una fractura histórica entre sus dos entes fiscalizadores. Un nuevo encuentro entre el ACA y la ACTC podría ser la llave para resolver el conflicto.

El automovilismo argentino vive una paradoja difícil de explicar. En el mismo momento en que Franco Colapinto convoca a 600 mil personas en un evento en el barrio porteño de Palermo y devuelve a la Argentina a la escena de la Fórmula 1 después de 23 años, la actividad nacional atraviesa la peor crisis institucional de los últimos cincuenta años. Sin embargo, hay señales concretas de que el conflicto podría tener una salida próxima.

Dos organismos, un conflicto que acorrala a los pilotos

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En el automovilismo criollo conviven dos entes fiscalizadores: el Automóvil Club Argentino (ACA), a través de su Comisión Deportiva Automovilística (CDA), y la Asociación Corredores Turismo Carretera (ACTC). Durante años, la convivencia fue posible gracias a un acuerdo que delegaba el poder deportivo del ACA en la ACTC, permitiendo que ambas estructuras coexistieran y que los pilotos pudieran competir con libertad en cualquier categoría.

Esa paz se fue resquebrajando en el último lustro. En los últimos dos años, categorías de peso como el Turismo Nacional, el Turismo Pista y la Fórmula 2 decidieron abandonar la órbita de la CDA para pasarse a la ACTC. El punto de quiebre llegó el 25 de marzo de 2024, cuando la CDA le retiró formalmente el poder deportivo a la ACTC. A partir de ese momento, las carreras organizadas bajo el paraguas de la ACTC dejaron de contar con el reconocimiento de la Federación Internacional del Automóvil (FIA), lo que generó serias complicaciones para los pilotos que necesitan licencias internacionales.

El impacto concreto sobre los competidores

El conflicto no quedó solo en el plano administrativo. Los deportistas son quienes más lo padecen: quienes compiten exclusivamente en categorías de la ACTC encuentran trabas para obtener licencias internacionales, ya que el Código Deportivo Internacional (CDI) de la FIA exige requisitos que hoy solo puede garantizar el ACA, único organismo reconocido por el ente global. Además, la crisis generó divisiones internas en algunas categorías, como ocurrió con el TC 2000, donde parte de los equipos se escindió a fines de 2024 para formar el Turismo Carretera 2000 bajo la ACTC, una iniciativa que aún lucha por consolidarse.

Una séptima reunión que puede cambiarlo todo

Hasta el momento, César Carman, presidente del ACA, y Hugo Mazzacane, titular de la ACTC desde 2013, mantuvieron seis encuentros sin llegar a acuerdos definitivos. Pero el sábado 10 de mayo, Mazzacane tomó la iniciativa y llamó directamente a Carman. La conversación fue cordial y ambos quedaron en volver a verse. La relación entre los dos dirigentes es de mutuo respeto, y eso abre una ventana.

La posición del ACA es clara y no está en negociación: quiere que sus veedores deportivos y técnicos vuelvan a estar presentes en las carreras de la ACTC, tal como lo establece el CDI. Si esa condición se cumple, el poder deportivo le sería devuelto a la ACTC y el conflicto podría desactivarse. Desde el lado de Mazzacane, la disposición al diálogo es explícita. Solo un problema de agendas entre ambos dirigentes demoró la concreción del séptimo encuentro, que podría celebrarse en los próximos diez días.

Antecedentes históricos: esto ya pasó antes

No es la primera vez que el automovilismo argentino enfrenta una ruptura de este tipo. Hace medio siglo, la tensión entre la ACTC y el organismo del ACA que por entonces fiscalizaba el Turismo Carretera —la CADAD— era tan insostenible que derivó en la autofiscalización del TC en 1979 y en la demora del inicio del campeonato de ese año. Con el tiempo, las partes lograron superar la grieta e incluso en 1990 compartieron grilla en Buenos Aires el TC y el TC 2000. La historia, entonces, indica que hay salida.

Lo que está en juego

  • El reconocimiento internacional de las licencias de pilotos que corren en la ACTC.
  • La unificación del calendario y la estabilidad de las categorías nacionales.
  • La posibilidad de capitalizar el fenómeno Colapinto para atraer nuevo público al automovilismo local.
  • El posible reconocimiento del Turismo Carretera ante la FIA como la categoría de automovilismo de velocidad más longeva del mundo, a días de cumplir 89 años el próximo 5 de agosto.

El contexto no podría ser más propicio para resolver la crisis. La Argentina tiene hoy un piloto de Fórmula 1 que entusiasma a millones, y el automovilismo nacional debería aprovechar ese impulso para crecer. Para quienes organizan sus propios eventos deportivos, plataformas como Deportes360.ar permiten gestionar de punta a punta todo lo relacionado con la actividad: desde la inscripción de participantes hasta la publicación de resultados en tiempo real, algo que demuestra hasta qué punto la tecnología puede simplificar la gestión del deporte cuando las instituciones van en la misma dirección.

El automovilismo argentino forjó a Juan Manuel Fangio, inspiró a figuras como Carlos Reutemann y hoy vuelve al mapa mundial de la mano de Colapinto. La séptima reunión entre Carman y Mazzacane tiene todos los ingredientes para escribir un nuevo capítulo de reconciliación en esta historia centenaria.

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